Quizás suene raro el día después a quedar eliminado de la Copa Libertadores, escuchar o leer que la mayoría de los mensajes contienen una misma palabra: gracias. No cierra mucho capaz en el típico y barato resultadismo al que se está acostumbrado en este lugar del mundo que, ante un hecho negativo, o al menos no deseado, se destaque y valore lo positivo: el haber llegado hasta este lugar. Un síntoma sin dudas sano y del que debemos hacer una conducta de a poco.

Para entender, o al menos comprender, un poco mejor toda esta situación bastará mirarlos a ellos: los que se bancaron más de un día de viaje para acompañar y estar junto al equipo que les permitió vivir esto y al lado de los jugadores que les permitieron soñar y pensar que se podía aunque se haya terminado escapando. Ellos, sin quienes el fútbol no sería lo mismo, hicieron lo imposible para viajar y disfrutaron de algo que, ni el más optimista, podía llegar a imaginar hace algunos años nada más.

A los jugadores no hay nada que reporcharles. El de anoche fue el primer partido completo de 90 minutos luego de la pretemporada (como contra Atlético Mineiro en Mendoza), encima contra un equipo que viene aceitado y con buen nivel de juego. ¿Hubo fallas? Seguramente sí, como en todo partido preparatorio para lo que se vendrá, pero el proceso recién inicia y sería desmedido juzgar tan pronto a la idea propuesta por Mauricio Larriera.

Para cerrar, retomar a Marcelo Bielsa, hoy director técnico del Lille de Francia, cuando destacó que «en cualquier tarea se puede ganar o perder, lo importante es la nobleza de los recursos utilizados, eso sí es lo importante; lo importante es el tránsito, la dignidad con que recorrí el camino en la búsqueda del objetivo». Este plantel y los hinchas de este club, se pueden sentir orgullosos del camino recorrido donde se llevarán experiencias y anécdotas inolvidables para el día de mañana. Gracias, Godoy Cruz.

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